Te desvaneciste de la misma manera en que llegaste. Fuiste en mi vida como un espejismo para el viajero perdido en el desierto. Una visión de refugio y salvación en la distancia que resultó ser falsa. Una imagen tenue que provocó y aún ahora me provoca emociones intensas. Despertaba buscando tus palabras, tus promesas de amor venidero, que hoy me doy cuenta han desaparecido.
La mañana fría otoñal me recibe solo, anhelante del calor y tu compañía. Y me tengo que enfrentar la realidad de que has desaparecido, que ya no me escribes. Que te he perdido...

Diosa de la sabiduría, nunca sabrás lo que sentí por ti.