Cuando era niño no era muy activo físicamente, era retraído y prefería leer, escribir y ver la tele que estar afuera y practicar deportes. A mis padres no les parecía muy raro, y como era seriecito y maduro gracias a la lectura apoyaron esa costumbre que todavía conservo y la cual marcó mi vida profesional. De todas maneras mis padres trataron de que tuviera actividad física, pues mi padre ha sido un fanático del béisbol y el basket, el boixeo y otros deportes toda la vida. Pero yo era muy perezoso y prefería leer por lo cual nunca enfaticé eso hasta mi niñez tardía y mi adolescencia.
De hecho aprendí a montar en bicicleta alrededor de los 10 años y desde ese momento se convirtió en una de mis pasiones. Mis padres trataton de enseñarme antes, com0o a los 6 o 7 años, como a los otros niños de mi edad del vecindario,sin embargo- la bici que me habían comprado, aunque roja y muy hermosa con flecos en el manubrio- era muy alta para mi y siendo descoordinado por falta de actividad física que desarrollara mi sistema motor grueso no la pude dominar. Sin embargo, alrededor de los 10 u 11 años aprendí en la bici de un amigo y arreglamos aquella bici roja, que ya no era tan hoermosa pues el tiempo y el desuso la habían ajado y cubierto de óxido. Luego tuve mi segunda bici- anaranjada, con aros de 24 pulgadas y 10 cambios, a imitación de las bicis de carreras. Con el tiempo esa bici se convirtió en mi fiel compañera de aventuras, el medio de transporte ideal para explorar los pequeños bosquecillos de úcares que crecían en los terrenos de apacentamiento de ganado que rodeaban mi pueblo y que ahora son urbanizaciones.
A los 13 (1978-79) años un amigo había comprado una bici de carreras de BMX, que era más liviana, y fuerte que la que yo tenía y además era bien balanceada lo que permitía hacer trucos y saltos que no eran posibles en las nuestras. Convencí a mis padres de que me compraran una, y como la situación económica de la famila no era la mejor en aquel momento consintieron en regalármela para navidad con la condición de que yo la armara.
La bici era una maravilla --cuadro niquelado, aros de aluminio moldeado para carreras-- y fue un rompecabezas terrible armarla pero entre mi primo Ovidio (quien es aún muy bueno con sus manos) y yo logramos armarla en una jornada y salimos a correr con la ilusión de una bici nueva.
Pasaron los años y las aventuras que trajo esta nueva bici son innumerables, mejor medio de transporte, excelente para competencias y mas peligrosa por la confianza que inspiraba para trucos y saltos.
De ahí pasé a la que se convertiría en mi verdadera pasión, el ciclismo de carretera. Como nunca he sido muy rico y las bicicletas de carreras son muy caras, mi primera bicicleta fue un modelo económico de una casa desconocida en Puerto Rico Schauff, que el dueño de mi tienda de bicicletas local me consiguió por $375. REcuerdo hasta el precio pues estaba enamorado de una Bianchi.... (Continuará)





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